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Provocar puede ser lo que generalmente pensamos, una falta de educación y de respeto, pero también un acicate de lo más eficaz para la reflexión. La provocación despierta una reacción automática; por eso, cuando se hace bien, es una herramienta para tomar conciencia de nuestros automatismos, de los prejuicios y las reacciones que disparamos sin pensar, de lo que asumimos sin cuestionarlo. La buena provocación es la de aquel chiste que contaba Foster Wallace. Un pez adulto se cruza con dos peces jóvenes y les dice: «¡Buenos días! ¿Qué tal está hoy el agua?». Cuando se ha ido, un pez joven le pregunta al otro: «¿Qué demonios es el agua?».
En esta Coordenada hemos decidido agrupar algunos libros de temáticas muy dispares, pero con títulos que comparten un rasgo: son provocativos, paradójicos. Todos ellos toman un lugar común, una obviedad aparente, una creencia compartida, y la retuercen para mostrárnosla bajo una nueva luz, la del pensamiento despierto y el espíritu inconformista.